El restaurante abrió sus puertas hacia 1932, no como restaurante sino como casa de payés. Por aquel entonces la gente iba a pasar unos días como cura de salud, estaban los que padecían asma, los que tenían bronquitis y los que el médico les recomendaba un cambio de aires.

En ese momento, la casa estaba a cargo de los bisabuelos Dominica y Salvador.

Ellos tenían cosecha propia del huerto , vacas,corral, gallinero, etc… y cocinaban bajo demanda, tanto iban al huerto a coger verduras como mataban a un pollo a medianoche. de la noche, jamás decían no.

Sus platos típicos eran las tortillas y el pollo en sanfaina. Entonces la gente no iba tan bien alimentada como ahora y era un lujo poder comer huevos, pollo y beber leche fresca.

La guerra ya había terminado y el negocio quedó para los abuelos Concepción y Feliu, transformaron cuadras en comedores, ampliaron la casa, se hicieron reformas para poder atender mejor a los clientes que mayoritariamente eran fabricantes que venían con sus familias los fines de semana. Se escribió la primera carta con precios. La comida seguía siendo la misma pero además se introdujeron carnes a la brasa, sobretodo conejo con judías.

También era típica la parada a desayunar de los ciclistas.

Después entraron las ostentosas parrilladas y fritura de pescado, la gente ya tenia mejor soltura económica, fueron buenos años, se comía sin limites, todo sentaba bien y ya era hora de ir dando el relevo a su hijo Ramón que con Nuri, su mujer, introdujeron los arroces, ellos le dieron color y olor.

Agrandaron la cocina y otras partes de la casa se fueron acomodando a la nueva situación. La demanda de arroces fue aumentando hasta hoy, ahora podemos decir que es nuestra especialización.

Y llegados a este punto de la historia nos queda dar las GRACIAS, en mayúsculas; a todos los clientes que han confiado en nosotros a lo largo de tantos años y a la familia, toda, allí donde estén, gracias por su tenacidad.

Gracias a todos los que han hecho que hoy tengamos las puertas abiertas.